sábado, 27 de septiembre de 2025

Otello, Verdi.

 


Sin noticias de Otello, no la había visto, ni la había escuchado. Esta ópera de Verdi, era completamente nueva para mi. La música no es demasiado pegadiza, ni tiene arias que las pueda recordar. Es una adaptación de la obra de Sekaspeare, que más que la música destaca la trama psicológica, de cómo un personaje se va reconvirtiendo, se transforma por los celos.

Lago, un subalterno, le va introduciendo la cizaña poco a poco hasta que el amor por su esposa Desnémona se convierte en odio y acaba asesinándola. Cómo un hombre honorable, caval, con buen juicio puede transformarse por los celos, este sería el argumento de la obra, y Verdi nos presenta como va cayendo poco a poco en esa espiral. Es atroz ver la conversión de Otello, como la semilla primero de la duda, y después del odio le va corropiendo.

La música acompaña, atruena y gime. Las inflexiones del chelo son terribles hasta generar angustía. No hay oberturas, ni piezas solo para orquesta,  los músicos acompañan permanentemente la obra y van poniendo sonido a los sentimientos. 

La escena como ya va siendo habitual es mínima, un sólo escenario que hace de plaza, de puerto, de despacho, de dormintorio o de salón de fiesta, con sólo poner aquí y allí algunos elementos. No es necesario, lo importante es el drama. El vestuario no han retrocedido al renacimiento donde está contextualizada, sino a principios del veinte. Los turbantes se transforman en levitas, y las cantumflas en tacones. La sobriedad es la norma, fuera todo lo que distraiga, lo que no deje ver los instintos puros, diáfanos de los personajes.

Me ha gustado. Es la primera de la temporada. He renunciado al acompañante, el año pasado nadie me acompañó. Un viernes con butacas vacías, la obra no es excesivamente famosa. 

Onfray, Michael. Teoría del viaje.