Buscando libros…mejor cuando buscaba imágenes para los cuadros que me va a hacer Marta, la amiga de Mónica, para Pinilla, y buscando la palabra “cabaña y choza” me encontré con este libro, un clásico japonés, de un funcionario que se hace monje para vivir aislado, sin preocupaciones. Se va refugiando en cabañas, a los cuarenta, cincuenta..sesenta años. Cada vez, la cabaña es más sencilla. Necesita menos, hasta que consigue una sobriedad casi absoluta.
En la primera parte del libro habla de lo volátil y frágil que es todo, curiosamente se centra en las casas, en las viviendas de sus coetáneos del año 1100.
La fragilidad de casas que parecen “para siempre” pero que sucumben fácilmente frente a un incendio, o un terremoto. Todo es frágil, Y su vida también, por eso decide retirarse buscar la simplicidad. Llama la atención como va descubriendo distintas “cabañas” según tenga cuarentena, cincuenta o sesenta años. Cada vez más simple, porque ha aprendido de las anteriores que a pesar de su fortaleza fueron devastadas. La novela es ese intento de volver a lo esencial..
e un emperador, al ver el escaso hilo de humo que ascendía por las chimeneas de las casas, mandó devolver los impuestos, cuya recaudación de por sí no había sido excesiva
Incontables personas murieron de hambre y yacían en las calles o apoyados contra los muros. Sin recursos para recoger los cadáveres
Me fijé en que entre las parejas que se amaban hasta el punto de no poder separarse, aquel de los dos cuyo amor era más profundo siempre moría primero. La razón es sencilla: el que se olvidaba de sí mismo ofrecía las exiguas comidas con las que contaba al ser amado. En las familias, los padres fueron los primeros en perecer. Había
Así pues, durante el segundo año de Genryaku[18], un gran terremoto sacudió la tierra. Esto también fue un suceso extraordinario. Se derrumbaron las montañas y se desbordaron los ríos, se agitaron los mares y se inundaron los campos. El agua manó a borbotones de las entrañas de la tierra. Las grandes rocas se quebraron y rodaron hasta los valles.
nos obligan a sentir la precariedad de nuestras propias existencias y de nuestras moradas
Los poderosos, por su parte, viven ambicionando siempre una mayor fortuna. Los humildes que deciden vivir solos reciben el desprecio de la gente. Los que tienen muchas posesiones acarrean muchos desvelos
Donde sea que vivamos y hagamos lo que hagamos, ¿es posible acaso que por un solo instante hallemos cómo descansar nuestro cuerpo y cómo apaciguar nuestro corazón?
con ya más de treinta años, se me metió en la cabeza la idea de construirme yo mismo un refugio.
al cumplir cincuenta años, abandoné también aquella casa y me retiré del mundo. Al fin y al cabo, no tenía mujer ni hijos, ninguna familia que añorar. Tampoco tenía rango ni ingresos, de modo que ¿para qué apegarme al mundo? Falto
cumplidos los sesenta, cuando el rocío de mi vida ya se evaporaba, fabriqué una pequeña choza, apenas una hoja desde la cual esas últimas gotas podrían disiparse
no veía la necesidad de encontrar un domicilio definitivo, no tardé mucho en elegir un terreno. El suelo era la propia tierra, el techo era de paja
vivo oculto, por tanto, en lo profundo del monte Hino[21]. En el lado este de la cabaña agregué un cobertizo de un metro de ancho, y uso ese espacio para guardar y secar la leña. En el lado sur, añadí una pequeña terraza de bambú, al oeste de la cual dispuse un altarcillo para las ofrendas
situé una estantería de bambú con tres cestas forradas de cuero en las que guardo libros de poesía y música, así como el Ōjōyōshū[25
Éste es el aspecto de mi morada, siempre provisional.
Cuando no estoy de humor para orar ni para leer, descanso y holgazaneo, nadie me lo impide aquí ni hay nadie ante cuyos ojos me pudiera sentir avergonzado
No soy un gran artista, pero tampoco toco para deleitar a un auditorio. Toco para mí mismo, para dar sustento a mi corazón.
En las noches serenas, mirando la luna por la ventana, recuerdo a los viejos amigos. Escucho los plañidos lejanos de los monos y las lágrimas humedecen mis mangas. Las luciérnagas entre las hierbas semejan fogatas de los remotos
En cada estación que pasa, la montaña me ofrece su encanto inagotable
Solamente en una morada provisional como la mía logra uno estar en paz y libre de todo temor
Como lugar para vivir, no le falta nada, es decir, puede albergar cómodamente un cuerpo. El cangrejo ermitaño prefiere refugiarse en pequeñas conchas porque conoce muy bien su tamaño
Conociéndome y conociendo el carácter transitorio del mundo, no deseo nada que esté fuera de mi alcance y tampoco me inquieto por lo que no tengo
lo general, casi nadie construye una casa para sí mismo. Unos la edifican para su mujer y sus hijos
Mucho mejor es tener como amigos a ciertos instrumentos musicales o a los bellos paisajes que nos ofrece la naturaleza que a hombres de esa calaña
He dividido mi cuerpo y le he dado así dos usos: mis manos son mis sirvientes, mis piernas mi vehículo, y ambos me responden de forma satisfactoria. Cuando mi mente o mi cuerpo están fatigados, me doy cuenta enseguida y descanso; cuando los sé fuertes, los empleo
Relato estas experiencias simplemente para poner de relieve las diferencias entre mi vida presente y la pasada.
Mi existencia es una nube errante. No deseo la fortuna ni me quejo de la mala suerte. El mayor gozo de la vida lo encuentro en la almohada sobre la que duermo una siesta tranquila,
De qué preocuparme ahora que mi vida toca a su fin? La enseñanza del Buda consiste, en esencia, en el desapego hacia todas las cosas. En mi caso, sería un error apegarme a mi cabaña
Comentario sobre el libro:
Chōmei fue capaz de renunciar a su posición social y a toda aspiración material, en cambio no pudo abandonar su pasión por la poesía y la música, una pasión sin duda desinteresada, pero pasión al fin y al cabo
Como hemos visto, el «retiro» ideal para Chōmei consiste en un estado mental y no en un conjunto de acciones. Antes de indagar en la naturaleza de dicho estado mental y en cómo podría alcanzarse, deberíamos tener más claro cuál era el origen de la insatisfacción de Chōmei y, en particular, qué relación tenía con la cuestión de «lo efímero» o la «transitoriedad
cuestión era cómo «domar un caballo salvaje», cómo «gobernar su corazón» sin dejarse gobernar por él
Esfera» (kyogai en japonés) es, en su origen, un término budista que significa «el objeto visto y pensado a través de varios órganos sensoriales y procesos mentales
En principio, pueden existir numerosos tipos de esferas de acuerdo con los intereses de cada uno
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Debemos recordar que, como ya he anotado, el estado ideal de un eremita según Chōmei es aquel que se basa en la compasión por encima de la riqueza y las influencias
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propone «encontrar a tus amigos en la música y en la poesía». ¿En qué sentido pueden «la música y la poesía» ser buenos amigos?
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como pacificadora del corazón y faro ante la efímera realidad del mundo, es decir: concibe la poesía como una estrategia para calmar la mente
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Por lo tanto, podemos concluir que, en su vida de retiro, Chōmei quería entender el corazón humano, y para ello la poesía fue un medio no sólo importante, sino esencial
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