Sorprendente. Al principio parecía que no tenía mucha chica cuando hace la diferencia entre turista y viajero va haciéndose profundo.
Ideas que hay que recordar sobre lo que supone la otredad, el buscarse fuera, el encuento con lo otro desgajado....o cuando habla de la necesidad de volver a casa, de reencontrarte en tu madriguera....
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Diferencia entre Caín y Abel, dos estirpes de hombres, los que sedentarios y los viajeros.
Los primeros aman la ruta, larga e interminable, sinuosa y zigzagueante, los segundos disfrutan de la madriguera, oscura y profunda, húmeda y misteriosa
dos modos de estar en el mundo,
El cosmopolitismo de los viajeros nómadas frente al nacionalismo de los campesinos sedentarios:
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el pastor de ganado y el agricultor, el hombre de los corderos en movimiento frente al de campo, el que permanece
Se trataba del judío que da origen al judío errante, destinado a caminar eternamente, maldito, junto a Caín. El labrador fratricida y el judío egocéntrico
9
Todas las ideologías dominantes ejercen su control, su dominación, entiéndase su violencia, sobre el nómada. Los imperios se constituyen siempre sobre la reducción a la nada de figuras errantes o de pueblos móviles
10
Qué falta se les reprochaba a esas figuras designadas? La de ser inasimilables a la comunidad, irreductibles, imposibles de gobernar, de dirigir. ¿Su castigo? La retención, la asignación de residencia, el encierro en recintos para el ganado, la alambrada, finalmente la destrucción
Asocial, insociable, irrecuperable, el nómada ignora el reloj y funciona con el sol y las estrellas
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AUMENTAR EL DESEO El viaje empieza en una biblioteca. O en una librería
18
En qué momento comienza realmente el viaje? Las ganas, el deseo, ciertamente, la lectura, por supuesto todo eso define el proyecto, pero ¿cuándo podemos dar por iniciado el viaje mismo?
26
el viajero se codea con un mundo dudoso de gente inclinada a la confidencia, a lo que Heidegger llama palabrería: una especie de decadencia de la palabra, una práctica compensatoria, tal vez, de la angustia generada por el abandono del domicilio y la llegada a un mundo sin referencia
27
Los que aspiran a los recuerdos comparten el tiempo con los que traen una cantidad importante de ellos. La impresión de espejo reina en el lugar: cada cual se siente el inverso del otro
28
Al prescindir de los cálculos, de las máquinas de medir el tiempo, de los relojes, al suprimir las referencias naturales (amaneceres y puestas de sol, alternancia del día y la noche), el cuerpo va hacia su verdad profunda y visceral, animal. En el intervalo se experimenta esa subjetividad radical, que pone en marcha unas lógicas que nos son desconocidas
29
El intervalo genera por tanto una geografía particular, ni aquí ni en otro lugar, una historia propia, ni arraigada ni atópica, un espacio nuevo, ni fijo ni inaprensible, un tiempo distinto, ni medible ni plano, una comunidad nueva, ni estable ni duradera
viajar a dúo me parece ilustrar una fórmula romana, pues permite una amistad construida, fabricada día tras día, pieza por pieza
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en la pareja se le pide ya al otro interpretar el conjunto de los papeles afectivos, comprendido el de confidente o camarada.
31
Viajar con otro supone la elección. Nada peor que el comparsa obligado, el vecino exultante que se vale de un destino común para imponerse
Malditos sean los grupos deseosos de agregarnos a su comunidad indeseable porque no soportan a un individuo aislado
La amistad proporciona el tónico necesario para conjurar el estado de fragilidad consustancial al alejamiento del domicilio
Con ese otro se experimentan el reparto, el intercambio, el silencio, el cansancio, el proyecto, la realización, la risa, la tensión, la relajación, la emoción, la complicidad
La realización de un viaje formula una comunidad singular: allí donde el amor parece frágil, dependiente del hábito de los cuerpos carnales, la amistad conoce una auténtica fuerza, despreocupada e independiente de los tormentos amorosos.
Un mismo magnetismo circula entre los dos seres e irriga las almas con un ardor sin igual. A la manera de la armonía musical, las diferencias armonizadas producen complementariedades
los amigos fabrican el viaje que, en cambio, y en un gesto
Partir con tu amigo ofrece la certeza de ir al encuentro de placeres diamantinos
Escribir? ¿Tomar notas?¿Dibujar? ¿Enviar cartas? De ser así, ¿breves o largas? ¿Preferir tarjetas postales? ¿Fotografiar? ¿Llevar consigo cuadernos en los que se consignen croquis y frases, palabras y siluetas, cifras y cantidades
el cuerpo estremecido, en tensión y dispuesto a nuevas experiencias, registra más datos que de costumbre
Viajar exige funcionar sensualmente a tope. Emoción, afecto, entusiasmo, asombro, interrogación, sorpresa, alegría y estupefacción, todo se mezcla en el ejercicio de lo bello y lo sublime, del cambio de hábitos y de la diferencia
En el centro mismo del acontecimiento, solamente existe la multiplicidad de informaciones vividas en el desorden
La materia recuerda, los átomos no olvidan, pero el depósito mnemónico tradicional está vacío de referencias como esas
Fijar, por tanto, con la ayuda de técnicas con las que nos sentimos más cómodos: la acuarela o la fotografía, el poema o el croquis, la nota breve o la larga exposición, la carta o la tarjeta postal. Cada soporte apela a un tiempo singular
Un poema logrado, una imagen retenida, una página que perdura suponen la coincidencia absoluta entre la experiencia vivida, llevada a cabo, y el recuerdo reactivado, siempre disponible a pesar del transcurso
Es difícil prescindir de los prejuicios
Encerrar a pueblos y países en tradiciones reducidas a dos o tres pobres ideas tranquiliza
Algo de todas esas quincallerías intelectuales podía tener sentido en la época de los cierres nacionales y las tradiciones locales, cuando el viaje era raro
Uno de los riesgos del viaje consiste en partir para verificar uno mismo cómo corresponde el país visitado a la idea que nos hemos hecho de él
Viajar supone menos el espíritu misionero, nacionalista, eurocéntrico y estrecho, que la voluntad etnológica, cosmopolita, descentralizada y abierta
42
el segundo intenta entrar en un mundo desconocido, sin prevenciones, como espectador libre de compromisos, con cuidado de no reír ni llorar, de no juzgar ni condenar, de no absolver ni lanzar anatemas, sino deseoso de captar su interior, de comprender en el sentido etimológico. El
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La inocencia supone el olvido de lo que hemos leído, aprendido, oído. No la negación, ni la evitación
el viaje apela al deseo y al placer de la alteridad, no a la diferencia fácilmente asimilable, sino a la verdadera
43
La conversión no cambia nada al respecto: uno sigue siendo prisionero de su nacimiento, de su tierra natal, de su lengua materna, atrapado en los pliegues primitivos de la infancia
El prejuicio racionalista supone posible la captación de un lugar por el solo esfuerzo intelectual, por el sesgo cerebral y voluntarista
44
Pero creo menos en las certezas obtenidas por la duración de la estancia que por su intensidad y la cualidad de artista del observante nómada.
44
El viajero necesita menos una capacidad teórica que una aptitud para la visión
la realidad infunde por capilaridad al viajero que la aprehende. Una vida entera de exilado no parece más útil,
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Algunos interponen demasiadas cosas entre el mundo y su subjetividad: demasiadas referencias, demasiadas lecturas, demasiadas consultas culturales, demasiadas citas, demasiadas rúbricas; otros, alimentados por esos saberes, saben, después de haberse alimentado de ellos, apartar con su mano la sombra arrojada por las bibliotecas y los archivos.
Preparado, ese viajero tocado por la gracia pone su cuerpo a disposición de lo inefable y de lo indecible que, metamorfoseados en impulsos, en emociones, se convierten enseguida en sentidos y acaban siendo palabras,
De ahí la necesidad de un ojo vivo, de una mirada acerada, de una percepción de predador. El águila nietzscheana proporciona la metáfora. La expansión del cuerpo es necesaria para el ejercicio del viaje. Pues la carne debe ponerse a disposición del mundo, registrar sus mínimas variaciones, partir a la búsqueda del más pequeño detalle perceptible por una piel, un sensor olfativo
En los viajes, ese ser quiere y ve, manda y decide. No se despoja uno, como si se tratara de una piel o de una muda, de los oropeles de nuestra cultura y nuestra civilización
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Ganamos al renunciar, in situ, a los libros y a los documentos
animal desacoplado, el cuerpo material, el alma atómica, los órganos sensoriales, el simulacro físico, la gracia fisiológica: esos son los instrumentos del poeta y del artista a activar en el viajero
El discurso decadentista reduce la posibilidad de viajar a los descubridores solamente. Por otra parte, es un lugar común en todos, o casi todos, los relatos de viaje soñar con una edad anterior a la penetración extranjera
La modernidad habría podido con lo Diverso, como habría acabado con Dios, con el Arte, con lo Bello
Así, el viaje ya no sería posible
todas las grandes ciudades del planeta se parecen hasta el punto de confundirse. Pero lo real del planeta no se reduce a ellas solas
Son meras fantasías las que presiden el deseo de una historia detenida e independiente de las condiciones de ejercicio del tiempo real
La modernidad fabrica megalópolis que se parecen todas, desde luego, pero no consigue suprimir las geografías
todas parecen los clones de una misma ciudad fragmentada y diseminada luego de manera aleatoria por el planeta. La modernidad ha reducido la historia, pero ha eximido a la geografía.
los partidarios de una forma antigua y desfasada del viaje apelan a la lentitud y maldicen la velocidad, causa de todos los males. Se celebra el paso del asno, la caminata
La velocidad del avión modifica la aprehensión del espacio y contribuye a su reducción. El planeta deviene visible, parece pequeño
El avión edifica sobre el terreno metafísico e igualmente sobre el terreno filosófico: nos sentimos de pronto como fragmentos de un gran todo
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Los enemigos de la velocidad aviónica critican igualmente el teléfono, fijo o móvil
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Sin embargo, tanto como el avión, esas nuevas tecnologías no impiden viajar, al contrario, permiten desplazarse de otro modo, de manera diferente, menos desconectados de los suyos. Son
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Uno mismo, ese es el gran asunto del viaje. Uno mismo, y nada más. O poco más. Hay pretextos, ocasiones, cantidad de justificaciones, ciertamente, pero, de hecho, nos ponemos en marcha movidos solamente por el deseo de partir a nuestro propio encuentro
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el viajero y el turista se distinguen radicalmente, se oponen definitivamente. El uno busca sin cesar y a veces encuentra, el otro no busca nada y, por consiguiente, no obtiene tampoco nada
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Qué puedo aprender y descubrir a propósito de mí si cambio de lugares habituales, de señas y modifico mis referencias? ¿Qué queda de mi identidad a raíz de la supresión de las ataduras sociales, comunitarias, tribales, cuando me encuentro solo
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el yo no es detestable. Ni venerable, sino sencillamente considerable, en el sentido etimológico, a saber digno de consideración.
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No me gusta el viaje de aquellos que se castigan y utilizan su yo como un animal al que someter
no se desprende uno de sus partes malditas y de su negatividad como si fueran viejas escamas ya caducas sobre la piel descamada de un saurio. Son los errantes que llevan su alma en pena a manera de una cruz, de una carga
Los aficionados a sensaciones más que fuertes, que ponen a prueba al cuerpo sobre el principio del castigo, transfiguran el viaje en un calvario. No me gustan los viacrucis
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El dolor no ofrece ninguna utilidad en este proceso de descubrimiento de uno mismo.
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En el viaje entendido como performance, como hazaña, el desafío, la mayoría de las veces, oculta mal las intenciones masoquistas de un alma en pena, o más bien las de un inconsciente
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El viaje ilustra «la casuística del egoísmo» nietzscheana, da un contenido tangible a la dietética de los placeres y permite la confusión de la ética y de la estética
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Lejos de ser una terapia, el viaje define una ontología, un arte del ser, una poética propia. Partir para perderse aumenta los riesgos, que se tornan considerables, de encontrarse cara a cara consigo mismo, peor aún: cara a lo más temible que hay en uno.
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Para su esencia, el ser del mundo procede del ser que le mira. El viaje teatraliza esta operación metafísica, acelera esa alquimia del advenimiento. Ahora bien, tras cada fragmento desprendido del mundo se encuentra un cuerpo que le confiere la existencia en general y sus propiedades en particular
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No se viaja para curarse uno de sí mismo, sino para endurecerse, fortificarse, sentirse y saberse con mayor sutileza
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nos zambullimos más profundamente hacia nuestro centro de gravedad ya que nos falta el otro para distraernos de nuestra forzada presencia
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el primer viajero con el que nos encontramos es uno mismo
Nuestro yo se confunde con nuestra lengua, nuestros recuerdos, nuestra historia....
En un país inusual, el animal inquieto que hay en nosotros prevalece, oye una voz incomprensible, se mueve en un espacio desprovisto de referencias, experimenta la diferencia, el ser no puede superar la identidad que lo contiene. En el extranjero, esa identidad flota, sin ataduras, sin puntos de referencia. Espera a la roca en la que cambiar su errancia nómada por un artificio que permita los lineamientos de un sedentarismo esbozado
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El gran número de relaciones contraídas en lugares distintos al territorio habitual se diluyen, se evaporan con el calor y el ruido del regreso al mundo común. Toda intersubjetividad se instala, entonces, sobre el terreno de lo artificial
Viajar conduce inexorablemente hacia la propia subjetividad. Ya
llega el tiempo descendente del retorno.
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Máxime cuando el reencuentro con el domicilio da un sentido, su sentido, al nomadismo
Qué relaciones mantienen la casa y la madriguera, la superficie de un apartamento y el territorio marcado por las deyecciones de un animal
Alojarse de manera pasajera no significa morar ni haber instalado la propia morada.
Habitar significa por tanto tardar, demorarse, en torno al hogar, a la manera prehistórica, junto al fuego que calienta, aleja del peligro de los animales y protege de las inclemencias del tiempo
El domicilio señala el lugar donde los riesgos son menores y donde se depositan en el suelo las armas, los bagajes
No volver a casa nunca, estar siempre dando vueltas, produciría una embriaguez de derviche. Recorrer el mundo como libertino supone pensarlo luego como benedictino
Pero también en torno a lo que Charles Fourier llama una pasión pivote: una figura, una persona en torno a la cual se organiza el hogar y que mantiene el fuego activo
El lugar dejado y luego recobrado ofrece el eje sobre el que oscila la aguja de la brújula. Sin él, no hay puntos cardinales,
Solamente Dios, si creemos a Pascal, se permite el lujo de existir como una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna
La errancia designa tanto al asocial definitivo como al enfermo mental
viaje como invitación a dibujar, para uno mismo, una rosa de los vientos y el domicilio donde asentar y cultivar esa identidad
Volver a es también venir de
En el intervalo del retorno triunfan el desorden, el caos, la embriaguez, la abundancia. Experimentamos la confusión y la mezcla de sensaciones, seguidas de la incoherencia de percepciones
En la fatiga del regreso se preparan las síntesis venideras.
Dónde vamos a encontrarnos más ricos por haber recorrido los paisajes de otro lugar que en nuestra cotidianeidad familiar
La hora del intervalo del regreso conviene más a la necesidad de acabar con la fatiga que satura el cuerpo, incandescente por la tensión del viaje, que a la urgencia de responder a la preguntas afluentes
Cumplida la peregrinación, la casa se convierte en una evidencia. Las raíces adquieren su significado cuando la florescencia ha podido realizarse
El arraigo justifica el nomadismo y viceversa. Optar por el reencuentro con ese conjunto de apaciguamientos que genera el estar en casa conduce a una armonía consigo mismo
Bajo el techo que alberga el adormecimiento se tejen los hilos de una historia en trance de endurecerse, de cristalizarse. Las claridades diurnas se alimentan sin interrupción de los deslumbramientos nocturnos.
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Para que cobre sentido, el viaje gana con su paso por un trabajo de fijación, de compresión
El recuerdo se formula por la secreción de residuos en abundancia.
Vivimos una época de renuncia a la memoria. Todo contribuye a ese holocausto del recuerdo
día de hoy, los soportes en papel, eléctricos, magnéticos y finalmente informáticos destronan a la materia gris y a las entrenadas sinapsis
memoria. El cuerpo funciona cada vez menos como un operador sensual y se mecaniza a la manera de la máquina simplicísima de los orígenes de la ingeniería
La revolución metafísica en curso concierne a ese hombre ausente de sí mismo, incapaz de disfrutar de las facultades de su cuerpo: poder de los sentidos y talento para los recuerdos
El ojo ve menos, la nariz y la boca ya no perciben, el tacto amengua, el oído retrocede, aturdido por los ruidos perpetuos y los parásitos de decibelios redundantes
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Reactivar la fijación de los vértigos, retomar las anotaciones, los cuadernos de bocetos, las fotos, los billetes, las agendas, los papeles varios, consultar otra vez los soportes a los que hemos confiado nuestras impresiones, todo ello solicita la memoria con eficacia
Ordenar las huellas desatasca y pone en forma el alma. De vuelta en casa, sobre el escritorio, los relieves se acumulan. Entonces se esbozan un trazo nítido, una línea franca, un dibujo seguro.
La música, el ritmo y la cadencia con los cuales ha tomado forma lo diverso se fosilizan hasta el punto de hacer obligatorio el hilo conductor, el sentido de los pasajes y la distribución de las anécdotas. El relato se confunde con la historia, abraza su trama y su espesor, la forma guía al fondo.
23 de mayo de 2026
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El recuerdo nace de esas operaciones de cristalización y de cierre, de endurecimiento de la materia antes ligera y maleable. El verbo lacra un acuerdo privado y produce el documento, o el archivo, susceptibles de cotejos y consultas
hacer llegar lo real al texto, transfigurar la vida en experiencias susceptibles de acabar en un libro
Solamente la experiencia escrita permite rendir cuentas de la totalidad de los sentidos
El trayecto conduce cosas a las palabras, vida al texto, viaje al verbo, de sí mismo hacia sí mismo.
el mundo resiste a las tentativas de ponerlo en palabras.
Poetas, es verdad, pero geógrafos seguramente no. Puesto que las dos disciplinas se ignoran desde siempre
Una poética de la geografía genera una estética materialista y dinámica, una filosofía de las fuerzas y los flujos, de las formas y de los movimientos.
Saberse nómada una vez basta para persuadirse de que volveremos a irnos, que el último viaje no será el final
Salvo, tal vez, cuando la carne ya no responde
no morir bajo un techo, sino fuera, bajo el cielo o las estrellas, viviendo
El mundo rebosa de volcanes a los que superar, de orillas en las que meditar
La geografía del planeta vale ante todo para la diversidad, la diferencia, la multiplicidad
La captación de lo Diverso contradice la apuesta por lo Mismo, y en cambio se inicia en la voluntad de multiplicar lo Otro
Plantearse una continuación supone, por tanto, menos la repetición que la innovación
Nada hay peor que un diluvio de rastros, una abundancia de fotografías, como no sea la histeria contemporánea y turística que consiste en registrarlo todo con la videocámara a riesgo de reducir la propia presencia en el mundo a la única actividad de filmar… Nada más inútil que una suma astronómica de acuarelas, de poemas, de dibujos, de páginas que hacen imposible el trabajo de la memoria y que, al contrario, la enturbian, añaden confusión y remiten lo diverso o lo confuso a más diverso y más confuso todavía.deberían quedar más que tres o cuatro señales, cinco o seis a lo sumo. De hecho, tantas como los puntos cardinales necesarios para orientarse.
De un viaje no deberían quedar más que tres o cuatro señales, cinco o seis a lo sumo. De hecho, tantas como los puntos cardinales necesarios para orientarse
El turista compara, el viajero separa
Pensar el mundo sin lo rural y sin los paisajes, esa es la visión y la obsesión de los urbanos. Pues el paisaje dura, persiste, incluso puesto en peligro por los hombres
12 de mayo de 2026
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La alternancia de partidas y regresos permite una verdadera definición del habitar como la entendía Heidegger.
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La casa vale tanto de celda monacal como de madriguera. Se organiza en torno a la biblioteca, los papeles, las anotaciones, los archivos, los cuadernos, las libretas, las fichas, los proyectos de escritura
23 de mayo de 2026
66
Todas tus anotaciones
139 notas/fragmentos resaltados • 1 marcador
Intrada
Los primeros aman la ruta, larga e interminable, sinuosa y zigzagueante, los segundos disfrutan de la madriguera, oscura y profunda, húmeda y misteriosa
23 de abril de 2026
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dos modos de estar en el mundo,
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El cosmopolitismo de los viajeros nómadas frente al nacionalismo de los campesinos sedentarios:
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n Caín y Abel,
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el pastor de ganado y el agricultor, el hombre de los corderos en movimiento frente al de campo, el que permanece
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Se trataba del judío que da origen al judío errante, destinado a caminar eternamente, maldito, junto a Caín. El labrador fratricida y el judío egocéntrico
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Todas las ideologías dominantes ejercen su control, su dominación, entiéndase su violencia, sobre el nómada. Los imperios se constituyen siempre sobre la reducción a la nada de figuras errantes o de pueblos móviles
23 de abril de 2026
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Qué falta se les reprochaba a esas figuras designadas? La de ser inasimilables a la comunidad, irreductibles, imposibles de gobernar, de dirigir. ¿Su castigo? La retención, la asignación de residencia, el encierro en recintos para el ganado, la alambrada, finalmente la destrucción
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Asocial, insociable, irrecuperable, el nómada ignora el reloj y funciona con el sol y las estrellas
23 de abril de 2026
12
Antes
AUMENTAR EL DESEO El viaje empieza en una biblioteca. O en una librería
30 de abril de 2026
18
Intervalo I
En qué momento comienza realmente el viaje? Las ganas, el deseo, ciertamente, la lectura, por supuesto todo eso define el proyecto, pero ¿cuándo podemos dar por iniciado el viaje mismo?
30 de abril de 2026
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el viajero se codea con un mundo dudoso de gente inclinada a la confidencia, a lo que Heidegger llama palabrería: una especie de decadencia de la palabra, una práctica compensatoria, tal vez, de la angustia generada por el abandono del domicilio y la llegada a un mundo sin referencia
12 de mayo de 2026
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Los que aspiran a los recuerdos comparten el tiempo con los que traen una cantidad importante de ellos. La impresión de espejo reina en el lugar: cada cual se siente el inverso del otro
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Al prescindir de los cálculos, de las máquinas de medir el tiempo, de los relojes, al suprimir las referencias naturales (amaneceres y puestas de sol, alternancia del día y la noche), el cuerpo va hacia su verdad profunda y visceral, animal. En el intervalo se experimenta esa subjetividad radical, que pone en marcha unas lógicas que nos son desconocidas
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El intervalo genera por tanto una geografía particular, ni aquí ni en otro lugar, una historia propia, ni arraigada ni atópica, un espacio nuevo, ni fijo ni inaprensible, un tiempo distinto, ni medible ni plano, una comunidad nueva, ni estable ni duradera
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Durante
viajar a dúo me parece ilustrar una fórmula romana, pues permite una amistad construida, fabricada día tras día, pieza por pieza
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en la pareja se le pide ya al otro interpretar el conjunto de los papeles afectivos, comprendido el de confidente o camarada.
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Viajar con otro supone la elección. Nada peor que el comparsa obligado, el vecino exultante que se vale de un destino común para imponerse
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Malditos sean los grupos deseosos de agregarnos a su comunidad indeseable porque no soportan a un individuo aislado
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La amistad proporciona el tónico necesario para conjurar el estado de fragilidad consustancial al alejamiento del domicilio
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Con ese otro se experimentan el reparto, el intercambio, el silencio, el cansancio, el proyecto, la realización, la risa, la tensión, la relajación, la emoción, la complicidad
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La realización de un viaje formula una comunidad singular: allí donde el amor parece frágil, dependiente del hábito de los cuerpos carnales, la amistad conoce una auténtica fuerza, despreocupada e independiente de los tormentos amorosos.
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Un mismo magnetismo circula entre los dos seres e irriga las almas con un ardor sin igual. A la manera de la armonía musical, las diferencias armonizadas producen complementariedades
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los amigos fabrican el viaje que, en cambio, y en un gesto
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Partir con tu amigo ofrece la certeza de ir al encuentro de placeres diamantinos
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Escribir? ¿Tomar notas?¿Dibujar? ¿Enviar cartas? De ser así, ¿breves o largas? ¿Preferir tarjetas postales? ¿Fotografiar? ¿Llevar consigo cuadernos en los que se consignen croquis y frases, palabras y siluetas, cifras y cantidades
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el cuerpo estremecido, en tensión y dispuesto a nuevas experiencias, registra más datos que de costumbre
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Viajar exige funcionar sensualmente a tope. Emoción, afecto, entusiasmo, asombro, interrogación, sorpresa, alegría y estupefacción, todo se mezcla en el ejercicio de lo bello y lo sublime, del cambio de hábitos y de la diferencia
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En el centro mismo del acontecimiento, solamente existe la multiplicidad de informaciones vividas en el desorden
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La materia recuerda, los átomos no olvidan, pero el depósito mnemónico tradicional está vacío de referencias como esas
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Fijar, por tanto, con la ayuda de técnicas con las que nos sentimos más cómodos: la acuarela o la fotografía, el poema o el croquis, la nota breve o la larga exposición, la carta o la tarjeta postal. Cada soporte apela a un tiempo singular
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Nada hay peor que un diluvio de rastros, una abundancia de fotografías, como no sea la histeria contemporánea y turística que consiste en registrarlo todo con la videocámara a riesgo de reducir la propia presencia en el mundo a la única actividad de filmar… Nada más inútil que una suma astronómica de acuarelas, de poemas, de dibujos, de páginas que hacen imposible el trabajo de la memoria y que, al contrario, la enturbian, añaden confusión y remiten lo diverso o lo confuso a más diverso y más confuso todavía.deberían quedar más que tres o cuatro señales, cinco o seis a lo sumo. De hecho, tantas como los puntos cardinales necesarios para orientarse.
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Un poema logrado, una imagen retenida, una página que perdura suponen la coincidencia absoluta entre la experiencia vivida, llevada a cabo, y el recuerdo reactivado, siempre disponible a pesar del transcurso
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De un viaje no
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deberían quedar más que tres o cuatro señales, cinco o seis a lo sumo. De hecho, tantas como los puntos cardinales necesarios para orientarse
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Es difícil prescindir de los prejuicios
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Encerrar a pueblos y países en tradiciones reducidas a dos o tres pobres ideas tranquiliza
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Algo de todas esas quincallerías intelectuales podía tener sentido en la época de los cierres nacionales y las tradiciones locales, cuando el viaje era raro
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Uno de los riesgos del viaje consiste en partir para verificar uno mismo cómo corresponde el país visitado a la idea que nos hemos hecho de él
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Viajar supone menos el espíritu misionero, nacionalista, eurocéntrico y estrecho, que la voluntad etnológica, cosmopolita, descentralizada y abierta
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El turista compara, el viajero separa
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el segundo intenta entrar en un mundo desconocido, sin prevenciones, como espectador libre de compromisos, con cuidado de no reír ni llorar, de no juzgar ni condenar, de no absolver ni lanzar anatemas, sino deseoso de captar su interior, de comprender en el sentido etimológico. El
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La inocencia supone el olvido de lo que hemos leído, aprendido, oído. No la negación, ni la evitación
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el viaje apela al deseo y al placer de la alteridad, no a la diferencia fácilmente asimilable, sino a la verdadera
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La conversión no cambia nada al respecto: uno sigue siendo prisionero de su nacimiento, de su tierra natal, de su lengua materna, atrapado en los pliegues primitivos de la infancia
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El prejuicio racionalista supone posible la captación de un lugar por el solo esfuerzo intelectual, por el sesgo cerebral y voluntarista
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Pero creo menos en las certezas obtenidas por la duración de la estancia que por su intensidad y la cualidad de artista del observante nómada.
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El viajero necesita menos una capacidad teórica que una aptitud para la visión
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la realidad infunde por capilaridad al viajero que la aprehende. Una vida entera de exilado no parece más útil,
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Algunos interponen demasiadas cosas entre el mundo y su subjetividad: demasiadas referencias, demasiadas lecturas, demasiadas consultas culturales, demasiadas citas, demasiadas rúbricas; otros, alimentados por esos saberes, saben, después de haberse alimentado de ellos, apartar con su mano la sombra arrojada por las bibliotecas y los archivos.
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Preparado, ese viajero tocado por la gracia pone su cuerpo a disposición de lo inefable y de lo indecible que, metamorfoseados en impulsos, en emociones, se convierten enseguida en sentidos y acaban siendo palabras,
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De ahí la necesidad de un ojo vivo, de una mirada acerada, de una percepción de predador. El águila nietzscheana proporciona la metáfora. La expansión del cuerpo es necesaria para el ejercicio del viaje. Pues la carne debe ponerse a disposición del mundo, registrar sus mínimas variaciones, partir a la búsqueda del más pequeño detalle perceptible por una piel, un sensor olfativo
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En los viajes, ese ser quiere y ve, manda y decide. No se despoja uno, como si se tratara de una piel o de una muda, de los oropeles de nuestra cultura y nuestra civilización
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Ganamos al renunciar, in situ, a los libros y a los documentos
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animal desacoplado, el cuerpo material, el alma atómica, los órganos sensoriales, el simulacro físico, la gracia fisiológica: esos son los instrumentos del poeta y del artista a activar en el viajero
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El discurso decadentista reduce la posibilidad de viajar a los descubridores solamente. Por otra parte, es un lugar común en todos, o casi todos, los relatos de viaje soñar con una edad anterior a la penetración extranjera
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La modernidad habría podido con lo Diverso, como habría acabado con Dios, con el Arte, con lo Bello
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Así, el viaje ya no sería posible
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todas las grandes ciudades del planeta se parecen hasta el punto de confundirse. Pero lo real del planeta no se reduce a ellas solas
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Pensar el mundo sin lo rural y sin los paisajes, esa es la visión y la obsesión de los urbanos. Pues el paisaje dura, persiste, incluso puesto en peligro por los hombres
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Son meras fantasías las que presiden el deseo de una historia detenida e independiente de las condiciones de ejercicio del tiempo real
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La modernidad fabrica megalópolis que se parecen todas, desde luego, pero no consigue suprimir las geografías
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todas parecen los clones de una misma ciudad fragmentada y diseminada luego de manera aleatoria por el planeta. La modernidad ha reducido la historia, pero ha eximido a la geografía.
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los partidarios de una forma antigua y desfasada del viaje apelan a la lentitud y maldicen la velocidad, causa de todos los males. Se celebra el paso del asno, la caminata
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La velocidad del avión modifica la aprehensión del espacio y contribuye a su reducción. El planeta deviene visible, parece pequeño
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El avión edifica sobre el terreno metafísico e igualmente sobre el terreno filosófico: nos sentimos de pronto como fragmentos de un gran todo
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Los enemigos de la velocidad aviónica critican igualmente el teléfono, fijo o móvil
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Sin embargo, tanto como el avión, esas nuevas tecnologías no impiden viajar, al contrario, permiten desplazarse de otro modo, de manera diferente, menos desconectados de los suyos. Son
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Uno mismo, ese es el gran asunto del viaje. Uno mismo, y nada más. O poco más. Hay pretextos, ocasiones, cantidad de justificaciones, ciertamente, pero, de hecho, nos ponemos en marcha movidos solamente por el deseo de partir a nuestro propio encuentro
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el viajero y el turista se distinguen radicalmente, se oponen definitivamente. El uno busca sin cesar y a veces encuentra, el otro no busca nada y, por consiguiente, no obtiene tampoco nada
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Qué puedo aprender y descubrir a propósito de mí si cambio de lugares habituales, de señas y modifico mis referencias? ¿Qué queda de mi identidad a raíz de la supresión de las ataduras sociales, comunitarias, tribales, cuando me encuentro solo
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el yo no es detestable. Ni venerable, sino sencillamente considerable, en el sentido etimológico, a saber digno de consideración.
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No me gusta el viaje de aquellos que se castigan y utilizan su yo como un animal al que someter
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no se desprende uno de sus partes malditas y de su negatividad como si fueran viejas escamas ya caducas sobre la piel descamada de un saurio. Son los errantes que llevan su alma en pena a manera de una cruz, de una carga
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Los aficionados a sensaciones más que fuertes, que ponen a prueba al cuerpo sobre el principio del castigo, transfiguran el viaje en un calvario. No me gustan los viacrucis
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El dolor no ofrece ninguna utilidad en este proceso de descubrimiento de uno mismo.
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En el viaje entendido como performance, como hazaña, el desafío, la mayoría de las veces, oculta mal las intenciones masoquistas de un alma en pena, o más bien las de un inconsciente
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El viaje ilustra «la casuística del egoísmo» nietzscheana, da un contenido tangible a la dietética de los placeres y permite la confusión de la ética y de la estética
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Lejos de ser una terapia, el viaje define una ontología, un arte del ser, una poética propia. Partir para perderse aumenta los riesgos, que se tornan considerables, de encontrarse cara a cara consigo mismo, peor aún: cara a lo más temible que hay en uno.
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Para su esencia, el ser del mundo procede del ser que le mira. El viaje teatraliza esta operación metafísica, acelera esa alquimia del advenimiento. Ahora bien, tras cada fragmento desprendido del mundo se encuentra un cuerpo que le confiere la existencia en general y sus propiedades en particular
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No se viaja para curarse uno de sí mismo, sino para endurecerse, fortificarse, sentirse y saberse con mayor sutileza
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nos zambullimos más profundamente hacia nuestro centro de gravedad ya que nos falta el otro para distraernos de nuestra forzada presencia
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el primer viajero con el que nos encontramos es uno mismo
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Nuestro yo se confunde con nuestra lengua, nuestros recuerdos, nuestra historia
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En un país inusual, el animal inquieto que hay en nosotros prevalece, oye una voz
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incomprensible, se mueve en un espacio desprovisto de referencias, experimenta la diferencia
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el ser no puede superar la identidad que lo contiene. En el extranjero, esa identidad flota, sin ataduras, sin puntos de referencia. Espera a la roca en la que cambiar su errancia nómada por un artificio que permita los lineamientos de un sedentarismo esbozado
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El gran número de relaciones contraídas en lugares distintos al territorio habitual se diluyen, se evaporan con el calor y el ruido del regreso al mundo común. Toda intersubjetividad se instala, entonces, sobre el terreno de lo artificial
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Viajar conduce inexorablemente hacia la propia subjetividad. Ya
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Intervalo II
llega el tiempo descendente del retorno.
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Máxime cuando el reencuentro con el domicilio da un sentido, su sentido, al nomadismo
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La alternancia de partidas y regresos permite
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una verdadera definición del habitar como la entendía Heidegger.
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Qué relaciones mantienen la casa y la madriguera, la superficie de un apartamento y el territorio marcado por las deyecciones de un animal
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Alojarse de manera pasajera no significa morar ni haber instalado la propia morada.
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Habitar significa por tanto tardar, demorarse, en torno al hogar, a la manera prehistórica, junto al fuego que calienta, aleja del peligro de los animales y protege de las inclemencias del tiempo
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El domicilio señala el lugar donde los riesgos son menores y donde se depositan en el suelo las armas, los bagajes
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No volver a casa nunca, estar siempre dando vueltas, produciría una embriaguez de derviche. Recorrer el mundo como libertino supone pensarlo luego como benedictino
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La casa vale tanto de celda monacal como de madriguera. Se organiza en torno a la biblioteca, los papeles, las anotaciones, los archivos, los cuadernos, las libretas, las fichas, los proyectos de escritura
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Pero también en torno a lo que Charles Fourier llama una pasión pivote: una figura, una persona en torno a la cual se organiza el hogar y que mantiene el fuego activo
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El lugar dejado y luego recobrado ofrece el eje sobre el que oscila la aguja de la brújula. Sin él, no hay puntos cardinales,
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Solamente Dios, si creemos a Pascal, se permite el lujo de existir como una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna
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La errancia designa tanto al asocial definitivo como al enfermo mental
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viaje como invitación a dibujar, para uno mismo, una rosa de los vientos y el domicilio donde asentar y cultivar esa identidad
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Volver a es también venir de
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En el intervalo del retorno triunfan el desorden, el caos, la embriaguez, la abundancia. Experimentamos la confusión y la mezcla de sensaciones, seguidas de la incoherencia de percepciones
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En la fatiga del regreso se preparan las síntesis venideras.
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Dónde vamos a encontrarnos más ricos por haber recorrido los paisajes de otro lugar que en nuestra cotidianeidad familiar
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La hora del intervalo del regreso conviene más a la necesidad de acabar con la fatiga que satura el cuerpo, incandescente por la tensión del viaje, que a la urgencia de responder a la preguntas afluentes
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Cumplida la peregrinación, la casa se convierte en una evidencia. Las raíces adquieren su significado cuando la florescencia ha podido realizarse
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El arraigo justifica el nomadismo y viceversa. Optar por el reencuentro con ese conjunto de apaciguamientos que genera el estar en casa conduce a una armonía consigo mismo
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Bajo el techo que alberga el adormecimiento se tejen los hilos de una historia en trance de endurecerse, de cristalizarse. Las claridades diurnas se alimentan sin interrupción de los deslumbramientos nocturnos.
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Después
Para que cobre sentido, el viaje gana con su paso por un trabajo de fijación, de compresión
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El recuerdo se formula por la secreción de residuos en abundancia.
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Vivimos una época de renuncia a la memoria. Todo contribuye a ese holocausto del recuerdo
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día de hoy, los soportes en papel, eléctricos, magnéticos y finalmente informáticos destronan a la materia gris y a las entrenadas sinapsis
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memoria. El cuerpo funciona cada vez menos como un operador sensual y se mecaniza a la manera de la máquina simplicísima de los orígenes de la ingeniería
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La revolución metafísica en curso concierne a ese hombre ausente de sí mismo, incapaz de disfrutar de las facultades de su cuerpo: poder de los sentidos y talento para los recuerdos
23 de mayo de 2026
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El ojo ve menos, la nariz y la boca ya no perciben, el tacto amengua, el oído retrocede, aturdido por los ruidos perpetuos y los parásitos de decibelios redundantes
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Reactivar la fijación de los vértigos, retomar las anotaciones, los cuadernos de bocetos, las fotos, los billetes, las agendas, los papeles varios, consultar otra vez los soportes a los que hemos confiado nuestras impresiones, todo ello solicita la memoria con eficacia
23 de mayo de 2026
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Ordenar las huellas desatasca y pone en forma el alma. De vuelta en casa, sobre el escritorio, los relieves se acumulan. Entonces se esbozan un trazo nítido, una línea franca, un dibujo seguro.
23 de mayo de 2026
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La música, el ritmo y la cadencia con los cuales ha tomado forma lo diverso se fosilizan hasta el punto de hacer obligatorio el hilo conductor, el sentido de los pasajes y la distribución de las anécdotas. El relato se confunde con la historia, abraza su trama y su espesor, la forma guía al fondo.
23 de mayo de 2026
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El recuerdo nace de esas operaciones de cristalización y de cierre, de endurecimiento de la materia antes ligera y maleable. El verbo lacra un acuerdo privado y produce el documento, o el archivo, susceptibles de cotejos y consultas
23 de mayo de 2026
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hacer llegar lo real al texto, transfigurar la vida en experiencias susceptibles de acabar en un libro
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Solamente la experiencia escrita permite rendir cuentas de la totalidad de los sentidos
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El trayecto conduce cosas a las palabras, vida al texto, viaje al verbo, de sí mismo hacia sí mismo.
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el mundo resiste a las tentativas de ponerlo en palabras.
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Poetas, es verdad, pero geógrafos seguramente no. Puesto que las dos disciplinas se ignoran desde siempre
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Una poética de la geografía genera una estética materialista y dinámica, una filosofía de las fuerzas y los flujos, de las formas y de los movimientos.
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Deleuze
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En Mil mesetas
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Nos movemos de manera diferente en un lugar previamente visto desde un avión, englobado
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Coda
Saberse nómada una vez basta para persuadirse de que volveremos a irnos, que el último viaje no será el final
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Salvo, tal vez, cuando la carne ya no responde
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no morir bajo un techo, sino fuera, bajo el cielo o las estrellas, viviendo
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El mundo rebosa de volcanes a los que superar, de orillas en las que meditar
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La geografía del planeta vale ante todo para la diversidad, la diferencia, la multiplicidad
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La captación de lo Diverso contradice la apuesta por lo Mismo, y en cambio se inicia en la voluntad de multiplicar lo Otro
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Plantearse una continuación supone, por tanto, menos la repetición que la innovación
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