domingo, 3 de noviembre de 2024

24-10-15 El viaje con Juan Carlos.

 


Es difícil contar lo que me ha pasado porque me genera muchas dudas de mis propias opiniones, por si soy o no objetivo, y por la tristeza que siento.

Al final, los últimos días de la Santander-Murcia, hemos estado cerca de 20 días pedalenado juntos han sido bastante duros. Juan Carlos no tiraba, iba tremendamente lento en recorridos completamente llanos, o en bajada, haciendo medias de 13 km. Y muy limitado en la orientación, tenía que estar pendiente de él continuamente, especialmente en las ciudades donde por inseguridad reduce más su ritmo.

En la foto, disfrutando de la Ciudad de las Artes y las ciencias en Valencia, y él sentado, esperando a salir, seguir rodando, nada le llama la atención, simplemente rodar, no hay ningún aliciente. He tenido de llevar a un niño pequeño, sin ninguna iniciativa, que al final hacia lo que yo decidía, en todos los ámbitos. Desde elegir el hotel, el restaurante, la comida (me hacía pedir yo primero, y el repetía mis opciones....si pedía vino, vino pedía, si agua, agua....un poco desesperante....pero no es un niño....me cuesta mucho relacionarme con esta realidad. A un niño pequeño le hablas como un niño, le organizas, asumes la responsabilidad....pero Juan Carlos no es un niño.

Después de varios días de crisis, en Sagunto, después de que se me perdiera en cruces y rotondas llamé a Paz, su mujer. No lo debí hacer, ella también está desbordada. Estaba con unos amigos en el campo, había pasado el fin de semana con ellos, olvidándose del lío que tiene en casa. Un marido que se le ha convertido en un niño, y unos hijos que no responden por pura inmadurez a sus situación, y se vuelven contra la madre. Irene, la hija mayor, ha huido de casa y se ha ido a Santander, me imagino que no puede aguantar a sus hermanos, y ver a su padre en esa situación. 

Desde fuera, cuando ves a Juan Carlos, cuando quedamos para dar una vuelta en bici, o ir a dar un paseo a la montaña durante unas horas todo es normal. Y tiendes a verle y tratarle como era antes, un compañero fantástico, con muchísima experiencia en la montaña, que aunque ya no es ocurrente, o hace reflexiones críticas sobre la realidad, sigue siendo el mismo. Pero no lo es, los tres ictus han sido demoledores, le han achicharrado el cerebro, y es un niño, muy rígido, con poco margen de negociación, que se siente también sobrepasado. 

No ha sido una experiencia agradable, tenía que estar pendiente de él, todo lo contrario de cuando iba solo, que yo me organizaba, sin necesidad de atender a nadie, de estar continuamente volviendo la cabeza por si venía o no.

Al final la ventaja ha sido el dinero, dormir sólo sale lo mismo que una habitación para dos...qué triste. Y estos viajes al final son caros, es difícil de bajar si duermes en pensión de 60€ al día, por 20...he gastado 1200€, una pasta. Mónica, no dice nada, no pregunta, pero lo intuye. Me encanta la bici, pedalear, estar días a mi ritmo, pero es caro. Tendría que reducirlo a 30€



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Onfray, Michael. Teoría del viaje.