viernes, 22 de noviembre de 2024

Theodora, Haendel, en el Real 21 de Noviembre.

 

No esperaba tanto. La música la llevaba escuchando días en el coche, Haendel y el barroco son de mis preferidas.  

Y la escenografía me ha fascinado. Es curioso los textos de la obra iban por un lado y la escenificación por otro. Los textos más por los sentimientos de los personajes, su estado de ánimo, no reflejaban lo que sucedía en escena. Mientra Theodora estaba estaba montando una bomba para hacerla explotar al embajador, el texto cantaba de hacer un homenaje al verdadero dios, en contra de los dioses paganos a los que romanos obligaban. Cuando el prefecto cantaba loas a Jupiter, Venus y Aflodita danzaba con unas prostitutas y simulaba una violación. Cuando theodora lloraba por su deshonor, unas prostitutas hacían piruetas (unas auténticas atletas) en una barra vertical.

Una desincronia que hacía que los sentimientos pasaran a rojo intenso del burdel, a un blanco luminoso, de líneas rectas clásicas en el comedor, o a un azul metálico en la cocina, donde los esclavos (cocineros y pinches de cocina) estaban continuamente limpiando, como simulando su rencor o su verdadera religión frente al prefecto romano. O un gran congelador industrial, donde colgaban reses descuartizadas, para condenar al frío y al olvido a los héroes.

En ocasiones cuando la música era más lenta que la acción que se llevaba en escena los personajes actuaban en cámara lenta. Esa convinación de discursos que se iban entretejiendo, los escenarios que se desplazaban de forma longitudinal, hacia derecha o izquierda, según convenía, hacía que un oratorio lento, pesado, algo repetitiva fuera trepidante.

Fui con Carmen hija, cómo no podía perder mucho tiempo, se ha acercado al segundo y tercer acto. Hemos vuelto en moto, a la ida un gran atasco, a pesar de ir con mucho tiempo llego al límite. Una manifestación de profesores de la escuela pública en Alcalá.


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