Muy bien los cinco primeros capítulos. El padre del autor, ya mayor y jubilado dedica todo su día a su jardín. Lo convierte en obsesión. Y vive la dinámica del tiempo con su huerto que además de tener verduras, cultiva flores.
Son emocionantes esto capítulos donde establece esa relación, ese pertenecer al tiempo y a la tierra de su padre, el montar todas las comparaciones en una dinámica íntima de vida y tierra. Y la muerte, también la relaciona con ese momento, con abandonar el jardín.
Después de esos primeros capítulos, en lugar de hablar del jardín centra toda la novela en su padre, sus recuerdos, los sentimientos de niños, las vivencias que tiene durante la enfermedad, los sentimientos que le afloran. Bien al principio, pero repetitivo, al final es un ejercicio egocéntrico que no extrapola.
Desde la mitad del libro lo he ido leyendo en diagonal.....cuenta vivencias con sus padres, la historia de Bulgaría entre padres e hijos.
Los primeros capítulos son geniales, "la relación entre el jardinero y la muerte".
Es una relación muy afectiva la del hijo y la del padre, llena de emociones y sentimientos. Estos días estoy narrando un diario de los últimos días de mamá. Murió hace apenas un mes. Mi descripción es demasiado racional, faltan sentimientos.
Tanto el libro de Simón de Beauvoir como este describen hechos, van describiendo todo el proceso en ocasiones de manera muy precisa, pormenorizada. Este es más una biografía del duelo, está centrado en el difunto, pero más en la relación que el autor mantiene con él.
Lo dicho, muy bien los primeros capítulos, en diagonal el resto del libro

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