25-12-21 Pincho.
Al día siguiente lo enterramos en Lupiana. Había ido temprano con Rosendo, cavó un hoyo,, teníamos preparado todo para enterrarlo. María, vino tranquila con David y Mónica. Fue un acto sencillo, como siempre había sido Pincho. Antes grabamos su pata en un molde de cemento.
Desde que lo vimos por primera vez, allá por 2012 en el Retiro, nos llamó la atención su tranquilidad, su no ladrar, su mirada ingenua. Después fuimos a recogerlo a la Fundación Arca de Noe en Armuña del Tajuña. Las niñas eran pequeñas, emocionadas, una gran alegría, y duró bastante. El perrillo era divertido, y desde el principio se adaptó perfectamente a casa, incluso parecía que ya venía educado, no recordamos ninguna trastada de cachorro, siete meses parece que tenía.
María siempre había tenido miedo a los perros, incluso había pedido al homeópata que le diera algunas “medicinas” para quitarse el miedo, y a la muerte. Parece que funcionó. Los Ulargui nos dejaron a Lola unos días por un viaje, en esos días María se transformó, dedicaba el día a la perra, la disfrazó, se hizo cargo de ella. Y vimos como una niña introvertida se abría por el perrillo. Fue lo que nos decidió a cogerlo. Y se transformó, de ser una niña tímida, torcida y callada Pincho la abrió, la hizo hablar y relacionarse, fue un bálsamo muy especial. En ese tiempo comenzó su amistad con la pandilla del barrio, a la que se incorporó también David. Siempre durmió a los pies de su cama. Fue su perro.
Yo, desde el principio tuve una relación bastante distante. Queriendo que ellas asumieran la responsabilidad de su cuidado, de sacarlo, llevarlo…Pero fue un excelente compañero en mis caminatas los primeros años, corría, iba, venía, interrelacioanba con todos. Al principio con miedo a las vacas, y después ladrándolas y provocándolas. En la Pedriza disfrutaba subiendo y bajando entre riscos, del collado de la ventana, o por las dehesas. Incluso tenía que aplicarle un ungüento para protegerle las almohadillas de las patas. Pero eso sí, siempre iba por libre. Poco a poco esto fue acrecentándose, cuando salía con él, me dedicaba a llamarle continuamente, esto es lo que me hizo dejar que me acompañara. Era un lío tener que estar pendiente de él continuamente. En Lupiana era un ser libre, entraba y salía de la parcela, y se dedicaba a perseguir a los gatos, incluso en varias ocasiones estuvo a punto de provocar algún accidente. Un día nos llamaron desde el pueblo, llevaba una placa, pues creían que se había perdido. También nos sucedió esto en Altea. Una pareja de Altea Hills lo encontraron con Lola junto a la playa. A Lola (la perrita de Marina) y a nuestro Pincho.
Para todos se convirtió en un hábito sacarlo y pasearlo por el parque, yo durante estos últimos años lo sacaba por las mañanas, me acompañaba al Pincho de Tortilla, una dínámica sobre las 10 de la mañana, después de varias lecturas. También muchas noches que no había nadie que lo hubiera casado..Una dinámica que teníamos integrada en casa. Ahora cuando entramos en casa hay un vacío. Nadie sale a recibirnos, ni se alegra por nuestra llegada. Echo de menos aquellos paseos vespertinos y nocturnos por el parque… ha dejado de ser un lugar que frecuentemos.
El proceso último ha sido bastante nefasto. Hace tiempo, estando Carmen estudiando en casa le dio un ictus. Inmediatamente lo llevaron al veterinario, lo revirtieron. Les advirtieron, también fue María, que esta bastante mal, tenía dos tumores, y le pincharon haciéndolas ver que uno le había reventado. Les explicaron que lo podían “dormir” y que era su decisión. Les explicaron en que consistía el proceso y que lo podíamos llevar a Lupiana, les explicaron que había que utilizar cal. Cada día estaba más torpe y más apático, prácticamente no andaba, sólo para salir al parque, y cuando había hecho sus necesidades volvía rápido a casa. Frecuentes vómitos y diarreas. María llegó a la conclusión que era mejor dormirlo.
Cuando la acompañé al veterinario, este nos sorprendió diciendo que no había que hacerlo, que no estaba sufriendo, y que por la “ley animal” no estaba permitido. No entendía nada, cambió de parecer o no se acordaba de lo que le había dicho anteriormente. Me dijo que si a un viejo que está todo el día viendo la televisión, también había que sacrificarlo…esto delante de María. Me puso de un mal humor impresionante. Y ofrecí a María llevármelo a Guadalajara para hacerlo.
Los últimos días, cada vez más limitado, había que llevarlo en brazos al parque, y allí se caía, estaba perdido. Me crispaba que María no tomara una decisión, incluso el día que se durmió estaba maquinando ya alguna solución.
Si me gustan los perros, y disfruto con ellos. Recuerdo a Toro, a Sara, lo que no me gusta es esta filosofía de humanizarlos, tratarlos como a personas. Los animales son animales.


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