viernes, 6 de febrero de 2026

Alana S. Portero, La mala costumbre.

 


A partir de un artículo en el País sobre la generación de nuevas escritoras que había surgido del extraradio de Madrid, y que iban contando una visión de la realidad bastante diferente. Y entre los que hablaban estaba "el fenómeno" Portero, "la mala costumbre"


https://elpais.com/babelia/2025-03-22/orgullo-feminista-y-de-barrio-obrero-como-una-nueva-generacion-de-hijas-del-extrarradio-ha-okupado-la-cultura.html#:~:text=Orgullo%20feminista%20y%20de%20barrio,la%20cultura%20%7C%20Babelia%20%7C%20EL%20PA%C3%8DS

Lo comencé a leer o lo elegí por la imagen de la portada, la foto de Santo Domingo Sabio distorsionada. Parecía rompedor e interesante.


Pero ha sido una sorpresa muy gratificante, está muy bien escrito. Impresionan los primeros capítulos y como describe un barrio obrero de los años 60 en Madrid. Algo, que además, yo he conocido y me suenan todos los giros y chascarrillos que van apareciendo en la novela. Al principio es algo desconcertante porque no sabes si el protagonista es un hombre o una mujer, un niño o una niña, incluso tuve que volver a l inicio para saber de qué estaba leyendo. Es una mujer en el cuerpo de una adolescente. Y cómo se va acaparando a su realidad, como describe el mundo de las mujeres en las que no es admitido y cómo reniega del mundo de los hombres. Los personajes en el barrio serán fundamentales. Pues aparecen reflejos de lo que el puede llegar a ser. Y en esa  proyección se va haciendo.

El intento de invisibilizar su problemas, de avergonzarse de él surgen los primeros escarceos con otro adolescente que reconocen su “peculiaridad”. Un descubrimiento que le hará transformarse y reconocerse. También como comienza a recorrer la noche madrileña de locales gais. Terrorífico. Y cómo en ese ambiente conoce a otros como él, que ya envejecidos, malviven en los márgenes. Impresiona.

O cómo el intento de reivindicarse se rompe, cuando le rompen. La historia de ocultarse, cerrarse, vivirlo para adentro, con vergüenza, miedo, y resentimiento, como una fiera herida. Su salvación está cuando vuelve a casa de sus padres, y una vecina de la antes abominaba la despierta. Se siente reflejada, comprende su dolor, y esa empatía la salva.

Es un libro dura, que me ha costado leer, varias veces lo he pospuesto, me hacía daño empatizar demasiado con la personaje. 

Lo he recomendado varias veces, lo han leído Mónica y Marta, mi suegra no ha sido capaz de leerlo. Cómo reconocimiento al autor lo he comprado. Se lo regalé a Paz de Iñaqui.

Me ha encantado.














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