Hoy es el cumpleaños de Pedro Miguel, iremos a Torrijos. Ana ha preparado una fiesta sorpresa. Nos ha pedido que vayamos vestidos de griegos...a Pedro le encanta lo griego.
Estos días Ana nos ha estado pidiendo fotos, y quizás porque Pedro represente para mi la idea de un hombre ilustrado, "Sápere aude". Pinker, define la ilustración con cinco características:
La razón, la ciencia, el humanismo, el progreso, y la paz.
Pedro es un hombre tremendamente racional, lógico, con un discurso que sabe desbrozar lo importante de lo banal...con esa expresión en nuestras discusiones desde hace más de cuarenta años en Comillas, nuestra facultad de Filosofía, ..."pero si te das cuenta Feliciano"...Busca lo importante. Buscar la razón como algo innegociable, a veces frío, como un bisturí que incide sin reparo para presentar la verdad tal cual es. Por eso Pedro es un excelente consejero, cuando te conoce (y creo que tengo el privilegio de así sea) es capaz de decirte en una conversación aparentemente banal, algo fundamental, te descubre esa clave a la que estabas ver.
Pedro es un científico, Como ilustrado del XVIII y en sentido actual. En sentido ilustrado porque huye de la superstición. De las explicaciones fáciles y, ahora se dice, populista. Ya comenzó con Giordano Bruno a preguntarse por el sentido del infinito, A fiarse de los datos, de las evidencias. Y científico como admirador de la ciencia, y por esa actitud suya de saberse sorprender de la realidad. Esa actitud suya de descubrir algo nuevo, de la sorpresa, como un niño que abre los ojos frente a un regalo. Pero no se queda sólo en la sorpresa, va más allá, busca, indaga, pregunta...todo un científico.
Sobre su humanismo…¿qué decir?.... Una clave para los ilustrados era "la compasión". Y todos estaremos de acuerdo que Pedro es un hombre compasivo, tremendamente compasivo, que sabe mirar "las desgracias ajenas" y hacerlas suyas. Sabe mirar a los otros y las circunstancias que le rodean. Por eso es tan buen profesor, porque no ve al alumno como un número, sino rodeado de todo lo que le determina. Esto y su racionalidad creo que es lo que más le hacen sufrir. Ser consciente sin tapujos de la realidad, y a la vez sentir como las circunstancias le determinan. Por eso evaluar le es tan difícil porque es consciente de los conocimientos que tiene ese alumno, pero también de todo lo que le rodea. Nunca renuncia a los cálculos matemáticos, pero no es capaz de aplicarlos descarnadamente.
Humanismo que también se plasma en esa actitud suya de no darse importancia, de huir de todo protagonismo, de evitar ser el foco de atención. Humildad que casa con humanidad, dar más valor a los otros que a uno mismo.
Como ilustrado Pedro cree en el progreso, y es un innovador. El primer ordenador que tuvimos en aquel piso de Madrid fue de Pedro. Aquel Amstrad verdoso al que todos al principio miramos desconfiamos, pero que después compartimos de forma desaforada. Progreso a la hora de abordar su docencia, intentando buscar y aplicar los mejores recursos. Siempre ha sido mi referente en informática, en programas, aparatos para llevar las clases. Incluso se atrevió a programar.
Y progreso también como optimista. Pedro es un ser optimista, porque cree en el futuro, tiene una visión positiva de lo que acontecerá, sabe mirar hacia adelante. Más aún, nos ayuda a los demás a poner el foco más allá, a levantar la vista.
Y el último atributo, la paz. Pedro es un hombre pacífico, desde llevar en el instituto el grupo de mediadores para evitar conflictos a buscar el consenso en todos los ámbitos de la vida. Es prácticamente imposible enfadarse. Y la prueba más evidente de esto es que no recuerdo en estos más de cuarenta años que nos conocemos ninguna discusión con Pedro, a pesar de muchas discrepancias, incluso habiendo convivido juntos en aquellos años del piso de Tetuán que compartíamos litera. Pedro hace posible la concordia.
Esta ha sido la dedicatoría del libro. La fiesta muy emotiva. Sorpresa, Ana le sorprendió, muy bien. Las dedicatorias y discursos de amigos muy emotivos. Y la comida en una sala de fiestas, había un castillo hinchable, muy agradable. La comida la llevamos cada uno, muy rico, especialmente el pisto manchego. Cuando lleva todo el mundo comida, y nadie quiere quedar mal, sobra comida como pasó.
No sabía si hablar en público, Mónica me animó. Me quedé con el libro hasta que se los transcribiera como dedicatoria.

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