Complado en una librería de Altea, más por solidaridad con el agerrido librero que sufre envestidas aquí y allá, que por el interés que iba a tener.
Pero me ha atrapado, son pequeñas histórias muy locales, ancladas en la tierra, del siglo XIX. Con personajes rudos, rurales, descarnados, sin ambivalencias.
Empieza por el Dioni, un dulzainero que recorre pueblos y hace bailar a las gentes, mientras bebe ingentes cantidades de vino. Un personaje que todo músico quisiera revivir, hacer que los otros se enamoren y bailen irremediablemente con tu música.
La noche de bodas fantástica. El poder del terrateniente contra el pueblo, el que puede elegir y presumir, al final tiene su propio castigo en su prepotencia.
Flescos, divertidos, cortos, muy fáciles de leer.
Esa frescura en el escribir, las descripciones ricas, sabrosas de adjetivos es un recurso que me encanta. Saber poner adjetivos.

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