Este sábado hemos quedado con Gonzalo e Irene e Iñaki y Paz. En la casa de Gonzalo para hacer una barbacoa. Como siempre muy agradable y muy entrañable, es una suerte tener amigos así.
Habido una coincidencia, Iñaky ha estrenado un coche nuevo, un Lexus, una preciosidad de coche, y yo también llevaba coche nuevo, mi Dacia Duster. Lo curioso es que estos dos coches pertenecen a gamas completamente distintas . El de Iñaki es el Top de gama, mientras que el mío es el coche más barato.
En el mismo grupo de amigos coincidimos con dos niveles adquisitivos si los coches representan eso o dos maneras de ver el mundo diferentes. También formas diferentes de entender lo que es un coche y qué atribuciones tiene.
Me digo a mí mismo que en realidad tengo dos cosas, tengo un coche y un barco, con gastos de mantenimiento, amarres y demás y eso hace que tenga que renunciar algo: renuncio a la calidad del coche o al estatus del coche, el barco me lo da.
También tengo una bici, con la que estos días voy a hacer un viaje de un mes. Yo creo que son maneras muy constrictorias de ver la realidad. O mejor diferentes. Yo con mi coche, mi barco, mi bici cosas que me llenan y con la que hago muchas actividades.
Cuando no haces muchas cosas y un coche llena todo ese espacio, es normal dedicar todas tus energías a esa compra. En el fondo, lleno mi tiempo con cosas utilizando objetos, quizás son los objetos los que nos definen y su uso. Tener un coche de alta gama con todos los extras puede ser un aliciente y puede compensar todos los sacrificios que haces. Te identificas con el aparato.
Curiosamente, yo también me siento muy identificado con mi Dacia, coche sencillo, duro, robusto que es el coche de la gente que no tiene mucho dinero y que compra lo más barato por necesidad aunque las prestaciones sean muy buenas. Siempre he tenido una necesidad de identificarme con los débiles, con los pobres, con no aparentar. Intento no hacer alarde de nada. Comprarlo más sencillo no alardear de lo que tengo y es curioso que soy muy afortunado tengo muchas cosas, Lupiana, altea, Pinilla algo que muchos no tienen. Pero me siento algo avergonzado cuando alarde de ello.
Esta historia viene de lejos, de cuando estaba en el seminario. Acababa de entrar eran mis primeras semanas en aquel dormitorio corrido. Traía de casa unas zapatillas de deporte viejas, y mamá me trajo unas nuevas. Las viejas las tiré a la basura.
Al rato oí una discusión entre compañeros, me acerqué y discutían sobre quien había visto antes mis zapatillas para quedárselas. Me impresionó y me dejó marcado. En el seminario estuve cerca de cinco años. Aquel no aparentar, adaptarme a las capacidades económicas de mis compañeros me marcó. El buscar lo más sencillo, “lo más auténtico”. Nunca he querido alardear….no sé si también lo he transmitido a mis hijas.
Dime CARMEN

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