Ayer nos pidió Iñaqui que le echáramos una mano en la biblioteca de su padre, y qué biblioteca. Según Iñaqui más de 50.000 libros. La casa llena de libros, esparcidos por todas partes, sin aparente orden. En cada habitación, estudio y salón estaba atestado.
Para Iñaqui es un proceso porque no puede dejar de recordar, acariciar, e imaginar a su padre leyendo, escribiendo uno tras otro. Por eso necesitaba de unas manos más independientes, sin complejos que pudieran mover, y realmacenar volúmenes.
Algo absurdo, porque, creo, sólo estamos postergando su final. los libros ya no los quiere nadie, y nadie suplicará por ellos. Pasado un tiempo prudencial todos acabaran en el desguace del punto limpio o vendidos al peso para pasta de papel. Ya me pasó eso con la estupenda biblioteca de Lorenzo, el catedrático de filosofía del Ignacio Ellacuría. Al final tuvieron que pagar para que retiraran sus libros. ... estos de Iñaqui creo que seguiran los mismos pasos...solo estamos aplazando la decisión.
Amando de Miguel llegó a escribir cerca de 120 libros....además de muchos estudios de sociología. Escribir era su pasión, y en sus últimos años se dedicó a publicar, para terminar todos los proyectos que tenía inacabados...parece que algo parecido está haciendo Francisco de Coro. Acabar proyectos antes de morir.
Los libros, aparentemente en desorden, no lo estaban. En cada habitación, en cada reducto de la casa estaban aglutinados por el libro que respaldaban. Parece que su padre cuando escribía se centraba en un tema en concreto, desde la sexualidad de nuestros abuelos", a "como tratar la adolescencia", "la muerte"...y así leía y se documentaba. En la época que no había internet, era difícil documentarse, él lo hacía comprando libros de los temas que iba a tratar, y a partir de documentarse escribía. En las estanterías de la casa están sus libros entorno a la bibliografía que leía. Así en una habitación descubrí temas de sexualidad, en otra sobre la vejez y la jubilación; en otra sobre la muerte...las estanterías eran reflejo de ese afán de documentarse. Gonzalo comentó que una vez que vino a visitarlo le explico que en cada parte de la casa estaba escribiendo un libro, uno en la zona del comedor del salón, otro en la zona de ventanales al sur, otro en su estudio....iba distribuyendo espacios, biografías. Allí donde le aptecía estar, le apetecía escribir sobre tal tema, era como si necesitara un espacio concreto, un ambiente determinado para enfrentarse a una obra. Es posible que quien escriba un libro necesite un esapcio especial para poderlo abordar, un ambiente, un contexto emocional. Su padre se había distribuido en distintos espacios.
Entendiendo esto, también entiendo la casa, llena de rincones vericuetos, sin un ángulo recto, espacios poliédricos iluminados con ventanas esquivas, nunca de frente, como si quisieran reflejar distintas realidades, distintos enfoques, lo que propiciaba que generaran distintas maneras y temas de contar, de abordar el mundo. Espacios diferentes, orientado, iluminados, distribuidos de manera diferentes....Lo que me pareció una aberración cuando llegué a la casa, una casa imposible, me reconcilió cuando he comenzado a reflexionar sobre su manera de ser, de hacer, de escribir.

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