Beauvoir, Simone. Una muerte muy dulce.
Simone nos describe y narra la muerte de su madre. Desde que tuvo los primeros síntomas, parece que se había roto el fémur hasta que descubren que tiene un cáncer terminal y está ingresada en el hospital 30 días.
30 días que sirven para reconciliarse con ella. Simone a partir de renunciar a la fe, había tenido un encontronazo con ella muy fuerte, y se habían alejado, incluso asume que su madre la temía. En una ambivalencia de amor odio, orgullo por ser una escritora de éxito, y pesadumbre por vivir sin casarse con Sartre, y renunciar a su fe.
La descripción de todo el proceso es muy detallado, quizás excesivo, pero en ese proceso se va moviendo la autora, va reconociendo a su madre, y se van perdonando. En esta descripción también presenta a su madre como una mujer resignada, obediente a un marido que la desdeñaba,
La «mamacita querida» de mis diez años ya no se diferencia de la mujer hostil que oprimió mi adolescencia; las he llorado a ambas al llorar a mi madre vieja”
Nos cuenta, junto a la descripción de cada visita, la relación que tuvo con ella, y como se fueron apartando, como la despreciaba de adolescente, quizás sintíéndose intimidada por la inteligencia de Simone.
No condeno a mi padre. Es bien sabido que en el hombre el hábito mata el deseo. Mamá había perdido su primitiva frescura y él su fogosidad
Cuenta la vida de su madre de manera descarnada, quizás demasiado fría, presentando a una mujer desalentada, agotada, aburrida, en un matrimonio perdido….
La enfermedad había quebrado su caparazón de prejuicios y pretensiones: quizá porque ya no necesitaba de esas defensas.
También vemos como la madre ha ido transformándose, cambiando. Parece que frente a la muerte todo lo accesorio sobra, sólo lo importante. Y así se presenta, dejando atrás su pasado y viviendo sólo el presente, esas tardes. Esos momentos que pasa con sus hijas y hace que se reconcilien. Otro elemento es como una convalecencia tan larga hace descargar a las hijas el abandono al que tenían a su madre, a la que ya no visitaban de manera frecuente…
Esa experiencia de “abandono de las defensas” también se convierte en una reflexión sobre la muerte, sobre el fin al que tendremos todos que acercarnos. Vivir la muerte de alguien es ir preparándose para morir, aprendiendo a morir.
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Quizás la reflexión que pueda hacer de esta obra de Beauvoir sería hacer yo un ejercicio parecido con mi madre. Siento que se me va, que cada vez es más viejecita….Una reflexión abierta sobre ella, lo que ha significado, lo que recuerdo…con mi memoria de pez quizás sería un buen ejercicio, y también de mi padre.
#libros

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